República Dominicana entra en el debate sobre su transición energética después de dos apagones nacionales en apenas cuatro meses, una secuencia que vuelve a poner en duda la capacidad de respuesta del sistema. El más reciente se produjo el 23 de febrero, cuando una falla en la central Punta Catalina hizo caer más del 60% de la generación programada en cuestión de minutos. El anterior, en noviembre de 2025, alteró múltiples actividades de la vida diaria, incluida la operación del Metro de Santo Domingo.
Desde esa base, el artículo plantea que el país todavía está a tiempo de impulsar una transformación apoyada en energía solar y otras fuentes renovables. Sin embargo, el contraste con lo ocurrido obliga a una lectura menos complaciente: si las soluciones ya han sido identificadas, como se expone en el texto, la discusión deja de ser solo técnica y pasa también por la ejecución, las prioridades y la vigilancia sobre decisiones que afectan servicios esenciales y presupuesto.
España aparece como referencia. Después del apagón de abril de 2025, en lugar de frenar la expansión renovable, aceleró la instalación de eólica y solar, amplió el almacenamiento con baterías y comprometió inversiones históricas en la red. Según el texto, ese giro terminó reflejándose en menores precios de electricidad entre enero y abril de este año en España y Portugal. Para República Dominicana, la comparación subraya más una oportunidad perdida que una garantía: tener sol todo el año no sustituye la rendición de cuentas sobre por qué el sistema sigue expuesto a fallas con alto costo social.
