Tras apagarse el impacto inmediato del último intento de asesinato contra Donald Trump, otro episodio volvió a encender las alarmas sobre el clima político en Estados Unidos: la expansión, desde ambos extremos, de tácticas para desacreditar o silenciar al adversario. El caso más visible fue la reacción al chiste de Jimmy Kimmel sobre Melania Trump, que terminó en una ofensiva pública del propio Trump contra el presentador.
Trump, que en 2020 denunciaba la “cultura de la cancelación” como un “arma política” de la izquierda, exigió ahora desde Truth Social que Kimmel fuera despedido por Disney y ABC. Melania Trump también cuestionó que el conductor tuviera espacio en televisión para “difundir el odio”. Ese giro deja en evidencia el contraste entre discurso y práctica en una figura que antes se presentaba como víctima de ese mismo mecanismo.
La controversia escaló cuando la Comisión Federal de Comunicaciones anunció que revisaría la licencia de ABC dos años antes de lo previsto, citando las políticas de diversidad e inclusión de Disney. Aunque Brendan Carr negó que la medida estuviera vinculada al episodio de Kimmel, la secuencia reforzó las alertas sobre el uso de resortes institucionales en medio de disputas políticas y culturales, en un escenario donde la rendición de cuentas sobre el ejercicio del poder vuelve a quedar en el centro.
