Más de 50 periodistas salvadoreños han salido al exilio en medio de un entorno de polarización y hostilidad contra la prensa independiente, un contexto que vuelve a colocar en el centro la pregunta por los límites del poder y la necesidad de fiscalización periodística.
En ese marco, El Faro ha vuelto a poner el foco en la vigilancia del poder, con el periodista Óscar Martínez como una de las voces que insiste en que el periodismo no puede renunciar a su función de control. Su planteamiento, según la pieza, es que frente a una dictadura o a cualquier forma de poder sin contrapesos, la labor periodística debe impedir que la autoridad actúe sin supervisión.
El mensaje adquiere relevancia pública porque no se trata solo de una discusión gremial o de libertad de prensa, sino de cómo se protege el derecho ciudadano a saber qué hace el poder, con qué límites y bajo qué mecanismos de rendición de cuentas. En escenarios de presión contra medios y reporteros, el costo para la sociedad no es solo la salida de periodistas al exilio, sino la reducción del escrutinio sobre decisiones que afectan a toda la población.
La advertencia de Martínez se inserta en una defensa del periodismo de control, particularmente cuando el clima político castiga la crítica y limita la observación independiente. En ese contexto, la exigencia no se agota en denunciar la hostilidad: también obliga a sostener el seguimiento, documentar abusos y mantener la vigilancia sobre cualquier poder que pretenda operar sin control.
