La candidatura del Dr. Jorge Asjana David a la Rectoría de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) se ha presentado como una apuesta por una universidad más moderna, transparente e innovadora, en un escenario donde la propia discusión electoral deja claro que la academia no puede seguir atada a modelos tradicionales de gestión. De cara a las elecciones universitarias del 17 de junio de 2026, en las que serán escogidas las autoridades para el período 2026-2030, el centro del debate se mueve hacia una exigencia esencial: que las propuestas de transformación institucional se conviertan en resultados comprobables para la comunidad universitaria.
La intención de modernizar la institución mediante la digitalización de procesos y mecanismos de gestión más eficientes y transparentes, junto con la iniciativa “Papel Cero”, plantea reclamos que van más allá de una campaña. La reducción de la burocracia, la optimización de los servicios y el fortalecimiento de la sostenibilidad ambiental aparecen en el texto como metas necesarias justamente porque persisten rezagos que obligan a revisar el funcionamiento de la universidad y a someter cualquier oferta de cambio a vigilancia y rendición de cuentas.
A ello se suma la propuesta de desarrollar aulas inteligentes y fortalecer la educación virtual, una línea que incrementa la presión sobre las autoridades que resulten electas para responder a los desafíos sociales y tecnológicos contemporáneos sin apartarse de la misión de formar pensamiento crítico, impulsar la investigación científica y servir al desarrollo de la sociedad dominicana. Más que una narrativa de respaldo político, la coyuntura universitaria deja instalada una alerta institucional: la UASD entra a este proceso con promesas de renovación que solo tendrán valor si logran cerrar la brecha entre visión, gestión y servicio efectivo.
